27 de marzo de 2010

Algunas veces me pregunto






Algunas veces me pregunto si para todo el mundo es fácil decir “te quiero”.

Un “te quiero” de esos que salen del sentimiento, de valorar a la otra persona, de la propia emoción.
Un “te quiero” que necesita comunicarse, aunque sea una vez, para que el otro lo sepa y no lo olvide, para que lo sienta.

Un “te quiero” meditado, sentido, emocionado, real, valioso, cómplice, sincero.
No me sirve un “te quiero” falso, de esos que se dejan en cada esquina, por todo, por nada.
No querría un “te quiero” moneda de cambio de una emoción falsa, de un interés escondido.
Dos palabras: “te quiero”, pero sinceras, infinitas en su significado y su valor.

Y me doy cuenta de que la ausencia de ese “te quiero”, me duele más allá de lo que esperaba. Y aunque no espero escucharlo, me gustaría.

Dos palabras tan cortas, tan simples, pero tan importantes, que no conviene malgastar, que utilizadas en el momento justo, son un regalo hermoso que nunca se olvida.

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